¡Sombra aquí, sombra allá!

22 jun 2017 por Nev Haynes

¡Sombra aquí, sombra allá!
Breve historia del maquillaje

Cuando uno se pierde por las grandes salas del Museo Británico o pasea por los pasillos del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, que aunque más modesto, está más a mano, puede ver cómo entre muchísimos objetos de incalculable valor histórico como espadas, códices, vajilla, estatuas, joyas, camafeos, sarcófagos y un etcétera de muestras de nuestro efímero paso por este mundo, también podemos admirar utensilios, comunes a toda época o civilización, que se parecen mucho a lo que podríamos encontrar en cualquier tocador de hoy en día: espejos de bronce pulido, pequeños recipientes de vidrio soplado, pinzas, espátulas y toda una parafernalia destinada a embellecer el rostro y el cabello de las mujeres que a lo largo de los siglos querían destacar entre sus pares.

Pero el maquillaje no es de uso exclusivo para las mujeres. Siguiendo la moda de la época, la nobleza centroeuropea del siglo XVIII se empolvaba el rostro, pintaba los labios y usaba tocados y lunares postizos sin distinguir entre hombres y mujeres. Además, el maquillaje no sólo tiene un fin estético, sino que también tiene un propósito artístico, bélico, mágico, ritual, religioso o medicinal. El maquillaje infunde respeto, elegancia, un aura de majestad y misterio. El maquillaje realza los rasgos del individuo y disimula los defectos o formas que uno quiera ocultar.

El maquillaje no sólo tiene un fin estético, sino que también tiene un propósito artístico, bélico, mágico, ritual, religioso o medicinal

Para maquillarnos hemos empleado componentes que se encuentran fácilmente en la Naturaleza. Ocre, azul, blanco, negro, amarillo… toda la paleta de colores procede de minerales, vegetales, incluso de la sangre y jugos de animales. ¿Seguimos perdidos por los pasillos de un museo? No. El ácido carmínico (atención al nombre), presente en la cochinilla del cactus, se usa para crear el pigmento rojo que usan la mayoría de fabricantes de barras de labios.

En la actualidad los maquillajes, si bien siguen cumpliendo con el propósito de realzar o disimular, decorar o camuflar, también incorporan funciones más complejas como hidratar, proteger o cicatrizar. También nos maquillamos dependiendo de la época del año. En verano, las cremas autobronceadoras ahorran tiempo para adquirir ese tono tan apreciado entre los amantes de la playa. Por otra parte, las mujeres asiáticas se protegen del sol y se maquillan para parecer aún más pálidas, según los estándares de belleza orientales.

El rímel de los antiguos egipcios y las sombras de la mirada de las mujeres árabes ya forma parte intrínseca de su imaginería. Los famosos guerreros masái colorean sus rostros y sus cuerpos para parecer más bellos y aguerridos, llegando en algunos casos a la escarificación, el “maquillaje permanente” que, como el tatuaje, es una forma perenne de decorarse, iniciando la vida de adulto y granjeándose el respeto de su comunidad. Así, los maoríes se tatúan a día de hoy un maquillaje permanente en el cuerpo y en el rostro, siguiendo las costumbres tribales más antiguas.

La escarificación, el “maquillaje permanente” que, como el tatuaje, es una forma perenne de decorarse, iniciando la vida de adulto y granjeándose el respeto de su comunidad

Los indios, de pluma o de punto, americanos o asiáticos, han llevado y siguen aplicándose maquillaje en sus ceremonias, invocando a los dioses que sus culturas ancestrales retratan y describen con tanta devoción y tradición. Algunas tribus de la amazonia se maquillan para asemejarse a animales como el jaguar y adquirir con ello su fiereza. En la otra punta del planeta, los aborígenes australianos o los habitantes de Papúa Nueva Guinea también decoran sus rostros y sus cabellos con vivos colores y tocados, engalanándose como la fauna que los rodea. Así, imitando a depredadores como los cocodrilos o a especies exóticas como las aves del paraíso, con idénticos propósitos, infunden temor y respeto entre las filas de sus rivales y despiertan la admiración entre las doncellas de su clan.

El maquillaje de hoy en día tiene tanta importancia que su presencia está muy activa entre nosotros, en muchas formas que no apreciamos a simple vista. Los colores de guerra de un nativo norteamericano o de un guerrero picto de Escocia han evolucionado hasta la pintura de camuflaje de un soldado de infantería actual. Los jugadores de rugby se pintaban rayas bajo sus ojos para reducir el reflejo del césped, pero también para infundir temor entre sus rivales. Incluso el maquillaje iniciático sigue siendo usado hoy en día, como en los bautismos de fuego de cazadores o pescadores, cuando les embadurnan el rostro con la sangre de su primer trofeo.

Los colores de guerra de un nativo norteamericano o de un guerrero picto de Escocia han evolucionado hasta la pintura de camuflaje de un soldado de infantería actual

En el teatro clásico, en el kabuki japonés o en el circo, el maquillaje exagera los rasgos del intérprete. ¿Alguien ha visto cómo se maquillan los integrantes del grupo KISS? Incluso en la ópera el maquillaje idealiza o envilece al personaje, haciendo más fácil para el respetable, sentado en el gallinero, identificar a los personajes y sumergirse en la trama de la obra.

En definitiva, como si se tratara de aquella famosa canción de Mecano, el maquillaje se repite una y otra vez, y su pegadizo estribillo parece que suena cada vez que una mujer usa un pintalabios, a un presentador de televisión le ocultan esos brillos que los focos no pueden disimular o un niño occidental se pinta la cara para parecer un personaje de Halloween.

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Categorías: Inyección Comunicación

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