Las máquinas de Amancio

07 sep 2017 por Nev Haynes

Las máquinas de Amancio

Cuando la Fundación Amancio Ortega anunció que donaría la respetable cantidad de 320 millones de euros para equipar a la Sanidad Pública española con la tecnología más avanzada de diagnóstico y tratamiento contra el cáncer, inmediatamente se pusieron en marcha dos planes. El primero y más importante consiste en adquirir 290 equipos punteros, situando a España a la cabeza de la lucha contra una enfermedad que afecta a 200.000 nuevas personas cada año solo en nuestro país, de los que el 60% reciben tratamiento por radioterapia.

Gracias a la generosidad de este gallego octogenario, mamógrafos digitales con tomosíntesis, aceleradores lineales de radioterapia y equipos de radioterapia intraoperatoria conformarán una batería de máquinas de última generación que convertirán a los médicos españoles en los más capacitados combatir una enfermedad que no hace distinciones entre ricos o pobres, jóvenes o ancianos, catalanes o andaluces, de derechas o de izquierdas.

El segundo plan que se puso en marcha tiene un propósito bien distinto. Si uno pregunta por ahí, sabrá que España es famosa en todo el Mundo por el sol y la tortilla de patatas, el flamenco y la paella valenciana, el Real Madrid y los encierros de Pamplona. Pero tristemente, la raza española es también famosa por ser de las más criticonas y envidiosas del planeta, gracias al estrépito desagradable que provocan unos pocos. Mientras que una gran mayoría de la población agradece de corazón la inmensa generosidad de quien reparte su riqueza entre los que sufren en carnes propias y ajenas el azote del cáncer, asistimos atónitos a la crítica irracional y mezquina de aquellos que rechazan este gesto de altruismo y acusan a Amancio Ortega de deslocalizar sus recursos de producción hacia países con materias primas y mano de obra barata, así como de eludir el pago de impuestos estableciendo sedes fiscales en el extranjero. Exactamente lo mismo que hacen otras multinacionales como Apple, Nike o Volkswagen, pero ya se sabe que si podemos criticar a un español en vez de a un extranjero por ganar un Gran Premio de Fórmula 1 o recibir un Oscar, mejor que mejor. Además, como ya viene siendo costumbre, algunos hacen propaganda barata de su insólita política a la menor oportunidad y así tiñen cualquier iniciativa, por muy buena que esta sea, con un perverso tufillo que está fuera de lugar.

algunos hacen propaganda barata de su insólita política a la menor oportunidad y así tiñen cualquier iniciativa, por muy buena que esta sea, con un perverso tufillo que está fuera de lugar

Los ingredientes que han hecho posible que Amancio Ortega haya amasado una inmensa fortuna son el talento, la garra, el tesón, el espíritu emprendedor, con los que ha logrado crear decenas de miles de puestos de trabajo no solo en España sino en todo el mundo. En el rincón opuesto tenemos a una patulea de voceros quienes entre todos no han logrado ni para sí mismos, ni para nuestra sociedad, nada remotamente parecido a lo que ha logrado el señor Ortega a lo largo de toda una vida de duro trabajo. Enarbolan las banderas de la justicia social y el reparto de la riqueza, como antiliberales que viven del esfuerzo ajeno y abogan por una Sanidad Pública financiada únicamente por la imposición y fiscalización del esfuerzo del individuo. Si este despropósito no era lo suficientemente ruin y retorcido, se ha cuestionado la viabilidad de esta donación incluso por Comunidad Autónoma, amenazando a los afectados con reducir sus probabilidades de supervivencia en función de su lugar de nacimiento. No nos sorprende que Amancio Ortega no haya hecho distinción entre españoles, territorios, Comunidades Autónomas o naciones, como últimamente las denominan algunos.

Las Máquinas de Amancio, como ya se conocen popularmente entre los profesionales de la Salud, suponen materializar con hechos las palabras que algunos pseudo-intelectuales esgrimen con ligereza cuando hablan del bienestar social. Los mismos escrupulosos que tachan esta donación de “limosna” y quieren que el Estado rechace los 320 millones que ellos no tienen para donar, visten ropas del Grupo Inditex, prestos a criticar el origen extranjero de estas prendas, pero satisfechos de vestir mejor por menos dinero. Basta con no adquirir una prenda de Zara para no contribuir a la fortuna personal de Amancio Ortega. Basta con ceder el sitio en las listas de espera de un hospital público a quien sí quiere curarse de un cáncer en el menor tiempo posible en vez de tratar de impedir que miles de pacientes se quieran aferrar a sus vidas. Como el cáncer no hace distinciones de ningún tipo, ni siquiera de ideologías o de estupidez, solo es cuestión de tiempo para ver si los escrupulosos actúan con coherencia y rechazan ser tratados con la mejor tecnología disponible, cuando les llegue su hora.

Las Máquinas de Amancio, como ya se conocen popularmente entre los profesionales de la Salud, suponen materializar con hechos las palabras que algunos pseudo-intelectuales esgrimen con ligereza cuando hablan del bienestar social

Dos planes bien diferentes. Trabajo duro y generosidad por un lado. Crítica irracional y egoísmo por el otro. Hechos frente a palabras. Vida y esperanza frente al odio y rencor. Don Amancio Ortega frente a quienes no merecen ser nombrados.

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Categorías: Inyección Comunicación

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