La subasta de medicamentos en Andalucía

20 nov 2017 por Nev Haynes

La subasta de medicamentos en Andalucía

Caso real: un día cualquiera de octubre de 2017, en una farmacia de Huelva. Entra una persona de edad avanzada para comprar un conocido medicamento para regular la tensión arterial. Le atiende el licenciado en farmacia, al frente del negocio familiar, que ya conoce al cliente desde hace muchos años. El farmacéutico sonríe ligeramente, aunque niega con la cabeza cuando tiene que decirle a su cliente que desde hace meses no hay existencias de ese medicamento en su rebotica, ni tampoco en ninguna otra “de Despeñaperros para abajo”.

El cliente, resignado de antemano, escucha a su boticario de confianza, que le ofrece al comprador un par de alternativas: la primera, un medicamento genérico fabricado en India, que aunque contiene el mismo principio activo del medicamento recetado por su cardiólogo y ha superado los criterios demandados por el SAS (Servicio Andaluz de Salud de la Junta de Andalucía), no siempre está disponible. La segunda alternativa, también con el mismo principio activo y fabricado por un conocido laboratorio europeo, tiene un precio sensiblemente superior.

Desde diciembre de 2011 y azuzado por la crisis económica, el Gobierno andaluz, desmarcándose en solitario del resto de administraciones autonómicas españolas,  viene convocando en subasta pública la adjudicación del abastecimiento de unos 400 medicamentos genéricos o subvencionados, de uso extrahospitalario, de los 10.000 que componen el vademécum del sistema sanitario español. Por una simple cuestión de costes, la fabricación de gran parte de estos medicamentos es encomendada a laboratorios de Europa del Este y de Medio Oriente, algunos de los cuales acumulan denuncias por fabricar partidas de medicamentos adulterados.

Estas pequeñas empresas, que gracias a la Junta de Andalucía han visto triplicada su facturación, no tienen dimensionadas adecuadamente sus fábricas para abastecer los pedidos encomendados, por lo que incumplen sus compromisos, provocando desabastecimiento en aproximadamente la mitad de los fármacos genéricos. Esto es, en 200 medicinas para tratar dolencias como el Alzheimer, la esquizofrenia o un simple dolor de cabeza. Pero no solo hablamos de desabastecimiento, sino de algo aún más grave.

Desde diciembre de 2011 y azuzado por la crisis económica, el Gobierno andaluz, desmarcándose en solitario del resto de administraciones autonómicas españolas,  viene convocando en subasta pública la adjudicación del abastecimiento de unos 400 medicamentos genéricos o subvencionados

Pongamos como ejemplo a RANBAXY, uno de los laboratorios que suministran los medicamentos al SAS, que tiene prohibido vender sus productos en EEUU. En 2014, la FDA, el regulador norteamericano para los alimentos y medicamentos, detectó partidas adulteradas de producto terminado procedente de una de sus fábricas. Con eso y con todo, el SAS sí acepta partidas de esta empresa. RANBAXY fabrica dos genéricos para dos medicamentos superventas cuya patente ha caducado, con lo que suben sus ventas y la cotización de las acciones en Bolsa de los laboratorios que los fabrican: Diovan, para el corazón, de NOVARTIS, y Nexium, para el estómago, de ASTRA ZENECA. Estos medicamentos de marca son más costosos, pero no presentan los mismos problemas de abastecimiento y su calidad está garantizada.

Desde el Sistema Nacional de Salud, el central, el de España, las actuaciones del SAS se ven como una injerencia en sus competencias para fijar el precio de los medicamentos y la adjudicación de su suministro, que provoca diferencias de atención sanitaria entre andaluces y el resto de españoles. Las subastas andaluzas se han recurrido en varias ocasiones ante el Tribunal Constitucional, que tras más de cuatro años de litigios ha fallado finalmente a favor de la Junta de Andalucía.

El SAS, por su parte, declara un ahorro anual de entre 130 y 140 Millones de Euros, que le vienen como anillo al dedo para sanear su déficit, dado que hasta ahora el ahorro acumulado supera los 400 millones de euros. Y aunque la consejería de salud de Andalucía ha venido restando importancia a los problemas de desabastecimiento, el pasado mes de octubre el SAS transmitió a los colegios de farmacéuticos la renuncia por parte de laboratorios de suministrar 15 medicamentos genéricos por no poder hacer frente a la producción, lo que según la Asociación de Farmacéuticos de Andalucía (AFARAN) venía provocando graves problemas de suministro durante los últimos meses. Solo uno de esos laboratorios es español. Adivinen de dónde son los otros cuatro.

La solución propuesta es la de prescribir el siguiente medicamento de la lista, con lo que se crea un problema adicional de falta de adherencia a un fármaco. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la adherencia al tratamiento como el cumplimiento del mismo; es decir, tomar la medicación de acuerdo con la dosificación del programa prescrito; y la persistencia, tomar la medicación a lo largo del tiempo. Si se interrumpe el suministro, se pone en riesgo la calidad del mismo y se altera la adherencia farmacológica, la eficiencia médica de todo el proceso de subastas se pone en tela de juicio.

Los agravios comparativos por regiones destapan la ineficacia de la descentralización. La descentralización implica la creación de más puestos burocráticos, aunque justifica su existencia porque no se pueden equiparar las necesidades sanitarias de Asturias con las de Murcia, por ejemplo. Algo tan sencillo como el clima provoca diferentes dolencias en unas y otras áreas. Si bien la centralización del poder y de la toma de decisiones dista mucho de ser perfecta, las ventajas de una gestión central son evidentes. Más poder de negociación a la hora de administrar presupuestos y controlar gastos con los proveedores, además de una homogeneización de los estándares de calidad, lo que resulta en un medicamento de mayor calidad.

Y es que para evitar tener que pronunciar aquello de que “al final lo barato sale caro”, el SAS está tratando de evitar lo que hasta ahora negaba. La Consejería de Salud de Andalucía anunció días antes de la renuncia de aquellos laboratorios que se excluirían a proveedores que no alcancen el 85% de sus compromisos de producción. Veremos con el tiempo si el sentido común y las decisiones del SAS mitigan los problemas detectados hasta ahora, y podemos así entonar otro refrán: “más vale tarde que nunca”.

Los agravios comparativos por regiones destapan la ineficacia de la descentralización

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Categorías: Inyección Comunicación

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