La polución en las grandes urbes

24 jul 2017 por Nev Haynes

La polución en las grandes urbes
Medidas impopulares o conducta insolidaria

En verano no nos acordamos, pero en invierno son más frecuentes las noticias que leemos acerca de la polución que hay en las grandes ciudades. Por poner un ejemplo cercano y familiar, cuando uno se aproxima en la distancia a una gran ciudad como Madrid, puede apreciar con claridad sobre la ciudad una “boina” de polución parduzca de varios centenares de metros de altura que, como si fuera una nave espacial gigante, planea sobre las cabezas de más de 3 millones de personas. Este fenómeno meteorológico, conocido como inversión térmica, provoca que la capa fría y contaminada de aire quede atrapada bajo una capa de aire caliente que actúa a modo de barrera, impidiendo que el aire se purifique con el viento o la lluvia.

Desde el ayuntamiento, como si se tratara de campañas de vacunación de emergencia, en otoño y en invierno se dictan varios bandos municipales que durante unos días limitan drásticamente la circulación de vehículos para reducir los índices de contaminación, provocando las airadas quejas de los ciudadanos. ¿Qué hay de cierto en estas noticias apocalípticas e impopulares? ¿Hay demagogia y oportunismo electoral tras las sonadas medidas que trastocan la vida diaria de millones de personas?

Se estima que en torno al 92% de la población mundial vive en lugares donde los niveles de calidad del aire exceden los límites fijados por la OMS. Aproximadamente el 11% de los fallecidos en el mundo cada año lo hacen debido a la contaminación del aire. El 94% de estos 6,5MM de muertes está relacionado con enfermedades no contagiosas como enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, la neumopatía obstructiva crónica y el cáncer de pulmón. El 90% de las muertes se produce en países pobres o de ingresos medianos, afectando sobre todo a los mayores y a los niños. Un dato curioso: 3.000MM de personas viven en hogares donde se queman combustibles sólidos para calentarse y cocinar. (Fuente: OMS).

Se estima que en torno al 92% de la población mundial vive en lugares donde los niveles de calidad del aire exceden los límites fijados por la OMS. Un dato curioso: 3.000MM de personas viven en hogares donde se queman combustibles sólidos para calentarse y cocinar.

Las causas de la mala calidad del aire son la contaminación por combustibles fósiles (vehículos a motor y zonas industriales), así como polvo en suspensión causado por la erosión en zonas desérticas. Parece ser que en ciudades del primer mundo los niveles de contaminación del aire no son tan malos como en otros países del sudeste asiático o el pacífico occidental, si bien se pueden tomar medidas para paliar los efectos nocivos del hollín en el que vivimos y respiramos a diario.

No es casualidad que los niveles más bajos de dióxido de carbono en Madrid se capten en las estaciones situadas a tal fin en las inmediaciones de El Pardo, el Retiro, Casa de Campo o el Parque Juan Carlos I. Las estaciones que más polución registran no hacen sino reflejar el paso de coches por puntos con más tráfico de la ciudad. Los datos no mienten y los protocolos de actuación del ayuntamiento dependen de estos marcadores.

Si bien las prohibiciones de limitación al tráfico rodado son muy impopulares, no son más que la punta del iceberg de una lista de acciones que en muchas ciudades ya se están implantando y que no son tan visibles, pero contribuyen a mejorar la calidad del aire que respiramos. Hablamos de la mejora de la eficiencia energética en las viviendas, fomento y mejora del transporte público, creación de espacios verdes a modo de “pulmones urbanos”, acondicionamiento de carriles bici y subvención de vehículos eléctricos y car-sharing, reciclaje de residuos, etc.

Estas otras normas, aunque son fijadas por el ayuntamiento, deben ser fomentadas, respetadas y puestas en práctica por todos nosotros. Cada vez que tiramos una lata al contenedor equivocado, no respetamos al ciclista urbano o abusamos del aire acondicionado o de la calefacción estamos contribuyendo a engrosar esa “boina” de polución que planea sobre nuestras cabezas. Las otras medidas tan impopulares, demagógicas o no, no serían necesarias si todos tuviéramos conciencia de cómo podemos contribuir a mejorar el aire que respiramos.

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Categorías: Inyección Comunicación

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