La calva de Bruce Willis

08 jun 2017 por Nev Haynes

La calva de Bruce Willis
“¿Tú crees que Bruce Willis estaría calvo si pudiera evitarlo?”

Esta frase me la soltaron hace muchos años a bocajarro, durante una conversación sobre esa maldición de los hombres que es la alopecia, disipando cualquier duda que pudiéramos tener en cuanto a su prevención.

En los hombres, la alopecia o calvicie se produce en el 80% de los casos por la acción de las hormonas masculinas o andrógenos sobre el folículo piloso. Llegada una edad, los hombres tenemos tendencia a perder pelo. Algunos antes que en otros. Y aquellos que sufren alopecia tienen menos probabilidad de sufrir cáncer de próstata. No es casualidad que la calvicie afecte principalmente a los varones, menos frecuentemente a las mujeres. No son pocos los calvos que presumen de su virilidad, lo que parece un mito sin demasiado fundamento científico.

En el caso de las mujeres, bien por efecto del estrés o por un desajuste hormonal -como la menopausia-, la alopecia se puede tornar aún más grave, dado que no está tan aceptado socialmente. Curiosamente, aunque afeitarse la cabeza en el antiguo Egipto tenía por un lado un motivo eminentemente práctico, puesto que con ello se eliminaban piojos que pudieran transmitir enfermedades como el tifus, también se consideraba una señal de pureza en el caso de los sacerdotes, o de belleza en el caso de las mujeres nobles, que además se ataviaban con pelucas, tal como se aprecia en las pinturas de las tumbas excavadas en el Valle de los Reyes. El busto de la reina Nefertiti oculta con muchas probabilidades bajo su corona un cráneo rasurado.

Los motivos por los que el folículo piloso se debilita o deteriora pueden ser muchos: exceso de seborrea o caspa, desajustes hormonales, fiebres o infecciones, motivos físicos como tirones o el abuso de extensiones capilares, estrés o problemas dermatológicos, una alimentación no adecuada -demasiado baja en ácidos grasos vegetales-, para acabar con la edad o la predisposición genética. Ante semejante amalgama de posibles causas, se hace complicado comprender por qué unos peinan una hermosa melena y otros, por el contrario, despiertan cada mañana con las ideas “cada vez más claras”.

La cuestión que nos ocupa aquí no es otra que despejar, si cabe, las dudas acerca de si la alopecia se puede evitar. Detrás de esta maldición estética, dado que no se puede considerar una dolencia o enfermedad tal como las conocemos, existe un jugoso negocio que trata de aliviar las penas de los que ven cómo sus melenas van desapareciendo, despejando frentes y tonsurando coronillas, minando en cualquier caso la autoestima del afectado. Imagínense un león adulto sin melena. El rey del harén, el depredador por excelencia, el protector de la manada, calvo como una bola de billar.

Ante semejante amalgama de posibles causas, se hace complicado comprender por qué unos peinan una hermosa melena y otros, por el contrario, despiertan cada mañana con las ideas “cada vez más claras”.

Hay muchas clínicas que prometen retrasar el proceso de pérdida de pelo, recurriendo a métodos químicos y estimulando los folículos pilosos con ungüentos o con remedios de lo más variopinto. Todo un surtido de champús, ampollas, inyecciones de plasma, tratamientos hormonales, coenzima Q10, aparatos con tecnología láser, tónicos capilares e infinidad de potingues con nombres exóticos o con cierto sabor científico son la prueba de que a nadie le gusta estar calvo. Otra cosa es, que estos métodos preventivos funcionen de verdad. Lean bien la letra pequeña: “ayudan a prevenir la calvicie”, “minimizan el riesgo de caída del cabello” o “contribuyen al fortalecimiento del pelo”, siempre en casos de pérdida leve o moderada del cabello. En ningún caso garantizan resultados definitivos.

Estos tratamientos obviamente no son baratos, pero en algunos casos concretos funcionan. De nuevo, la Naturaleza manda. No importa el dinero o el ingenio que se emplee, ya que en muchas ocasiones no hay manera de prevenir o curar lo inevitable. Las promesas incumplidas dejan de ser promesas y de ahí que muchos recurran finalmente a los injertos de cabello, el único método que asegura repoblar las zonas afectadas. Y a algunos no les queda ni eso: Bruce Willis es calvo y no es un sacerdote egipcio.

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Categorías: Inyección Comunicación

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