El peligro de la automedicación

18 may 2017 por Nev Haynes

El peligro de la automedicación

Recuerdo que, hace muchos años ya, al abrir un cajón de una cómoda en casa de un anciano pariente mío que ya no está entre nosotros, me sorprendía la cantidad de cajitas, frascos y botecitos de medicinas que uno podía encontrar allí. Le pregunté por qué tenía tantas medicinas guardadas: estaba la pastilla del colesterol, la de la tensión, la de la memoria, la de la arritmia… Todo un surtido de pastillas de colores. Me pregunto cuántas de esas pastillas se las había recetado su médico.

Hoy en día es muy común escuchar aquello de “tómate un ibuprofeno, que a mí me funciona fenomenal”. Hasta aquí, porque yo no soy médico, supongo que no pasa nada. Y precisamente porque no lo soy, tengo esa tendencia a automedicarme cada vez que agarro un constipado. Cosa que, conforme vamos cumpliendo años, es cada vez más frecuente y más duradero.

Muchas veces nos da pereza ir al médico. La sola idea de concertar una cita, por no mencionar lo de pasar por Urgencias, esperar en una lúgubre sala contemplando caras largas y aburriéndote soberanamente hasta que una enfermera sale con una carpetilla y menciona tu nombre en voz alta, nos echa para atrás.

Muchas veces nos da pereza ir al médico. La sola idea de concertar una cita, por no mencionar lo de pasar por Urgencias

Una cosa es que vayamos a la farmacia y confiemos nuestros pequeños males al boticario, para el caso de que estemos aquejados de algo leve, y, otra cosa muy distinta, es que obviemos a diario que existe toda una lista de médicos especialistas a nuestra disposición en hospitales públicos o clínicas privadas.

La automedicación se define como la acción de tomar un medicamento por iniciativa propia. Los peligros que esto puede conllevar no deben pasarse por alto. Las contraindicaciones de algunos medicamentos, por muy inofensivos que puedan parecer, pueden llevarnos a sufrir dolencias más graves que las que pretendemos tratar.

Tenemos, además, la costumbre de almacenar medicinas en un cajón, ignorando que los medicamentos caducan, multiplicando así los riesgos de sufrir las graves consecuencias de jugar a ser médicos. El uso generalizado de analgésicos como el PARACETAMOL o de ASPIRINAS provoca riesgos de hemorragias. Usamos en muchos casos los antibióticos con una finalidad preventiva, y esto supone aproximadamente un 25% del uso de este tipo de fármacos en nuestro país. El uso constante de antibióticos provoca un fortalecimiento de las bacterias que combaten.

Pasarse de listo tiene sus riesgos

La mezcla de medicamentos, o las condiciones del paciente (edad, dolencias crónicas, mujeres embarazadas, niños) pueden provocar graves daños que pueden resultar irreparables en algunos casos. Además del diagnóstico y del seguimiento posterior, estas malas prácticas vienen acompañadas de una posología y una duración del tratamiento que depende de la decisión del paciente que se automedica.

Internet puede ayudar a esclarecer alguna duda sobre los síntomas y tratamiento de una dolencia leve, pero no sustituye el trato personal y directo que puede ofrecer una revisión médica.

Hoy en día, el sistema de salud pública se beneficia de una importante reducción de costes con la telemedicina. Ésta ayuda a que el paciente se autorregule con la asistencia remota de un especialista, mediante el uso de aparatos y sensores que midan las constantes vitales del paciente. Ésta es una alternativa a las colas y molestias que en algunos casos se pueden evitar, para beneficio de todos.

No sólo hablamos de la medicina moderna, sino de la medicina tradicional. Según la OMS, un 80% de los remedios usados en países en vías de desarrollo se basan en la medicina tradicional. Estos remedios también pueden provocar contraindicaciones graves. Un excesivo consumo de sustancias tan cotidianas y aparentemente inocuas como el café, té o bebidas energéticas, por su alto grado de componentes excitantes, puede llegar a causarnos serios problemas. Una sobredosis de cafeína puede provocar fallos cardiovasculares.

Los beneficios de la acupuntura o del consumo de ciertos preparados en parafarmacias o herboristerías para paliar dolencias moderadas son de sobra conocidos y se ha contrastado científicamente su eficacia. El problema llega cuando nos ponemos en manos de supuestos acupuntores, terapeutas alternativos o adquirimos preparados de dudosa procedencia, aumentando el riesgo de acabar en Urgencias y, esta vez, sin remedio. Una vez más, no acudir a un especialista con regularidad, aunque sea para hacerse un chequeo anual, trae consecuencias perniciosas para la salud.

En pocas palabras: vaya a ver a su médico. No le hará daño alguno.

 

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Categorías: Inyección Comunicación

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