Dudley Morton o Jimmy Choo

13 jul 2017 por Nev Haynes

Dudley Morton o Jimmy Choo
La salud y el marketing de los pies

En la película de animación Wall-e (Pixar, 2008) todo lo que queda de la raza humana sobrevive en una colonia espacial, alejada de un planeta Tierra contaminado y moribundo. Mientras que un único robot superviviente se dedica con afán a reciclar desechos en nuestro planeta abandonado, los humanos, tras varias generaciones flotando en semi-ingravidez, sentados en asientos tripulados y sin necesidad de desplazarnos, engordamos y nos deformamos sin remedio. Tal es la inactividad de esa raza espacial, acostumbrada a no tener que desplazarse, que no tenemos necesidad ni de calzarnos. Unos pies regordetes e inútiles cuelgan de las butacas que sostienen unos cuerpos atocinados e involucionados.

Las extremidades inferiores han captado nuestra atención desde siempre. Artistas, fotógrafos, diseñadores, deportistas, especialistas médicos, religiosos y sí, fetichistas también: www.wikifeet.com. Los detalles del pie no se nos escapan desde hace milenios: los restos de la colosal estatua sedente de 12 metros de altura del emperador Constantino, esculpida en Roma en torno al año 315, representan también los detalles del pie imperial, incluyendo callosidades y venas. Siglos más tarde, el polifacético Leonardo Da Vinci (1452-1519) definió el pie humano como “una obra maestra de ingeniería, así como una obra de arte”.

La importancia de los pies ha llegado a ser vital en algunos casos. Literalmente. El actor anglo-irlandés Daniel Day-Lewis ganó en 1990 un Óscar por encarnar a Christy Brown, aquejado de parálisis cerebral, quien solo se valía de su pie izquierdo para escribir y pintar. Alison Lapper, pintora británica, célebre por haber nacido sin brazos a causa de la talidomida que afectó a varios niños nacidos en los años 60, consigue con sus pies lo que pocos artistas consiguen con sus manos. No exageramos al afirmar que los pies pueden salvar vidas.

Nuestros pies son la única parte de nuestro cuerpo que siempre está en contacto físico con nuestro entorno, desde el día que nuestra raza evolucionó para erguirse sobre los cuartos traseros. Los pies son una extremidad que atrae la vista y alimenta la curiosidad e imaginación de hombres y mujeres, un elemento erógeno, que se adorna con esmalte, pulseras o anillos. Se visten con zapatos de múltiples diseños. Los pies se usan para caminar, correr, realzar la figura, presumir o incluso dar un masaje. Los pies, a fin de cuentas, son una parte muy importante de nuestro cuerpo, de nuestra vida y de nuestra cultura.

Los pies son una extremidad que atrae la vista y alimenta la curiosidad e imaginación de hombres y mujeres, un elemento erógeno

En China, hasta principios del siglo XX, una larga tradición que dio comienzo hace mil años consistía en deformar los pies de las jóvenes, vendando los dedos hasta doblarlos bajo la planta para darle al pie una forma puntiaguda. Con esto se conseguía hacerlos parecer más pequeños, según el gusto de entonces. La estética se anteponía al sufrimiento, tal como sucede en muchas ocasiones. Tenemos la versión moderna de este hecho en el uso de los zapatos de tacón. Salvando las distancias con aquellas jóvenes cantonesas, los tacones suponen una tortura diaria para millones de mujeres que estilizan sus piernas, realzan los gemelos y alargan sus pies para destacar por su belleza entre las demás. Obviamente es más cómodo ir en zapatillas deportivas que con tacones, pero las féminas se saben más atractivas con los segundos.

El neuroma de Morton, una dolorosa lesión definida como la compresión del nervio interdigital del pie, es mucho más habitual entre mujeres que hombres por el uso prolongado y excesivo de los zapatos de tacón. ¿Quién fue Dudley Morton? Este cirujano norteamericano, profesor en la universidad de Yale, fue quien diagnosticó en 1928 esta afección, localizando la causa de la misma. Casi nadie sabe a día de hoy que en su día fue el podólogo más reputado de su época. Pero todos hemos oído hablar de Jimmy Choo. El desorbitado precio que se paga por un par de zapatos de esta firma no hace sino representar la importancia que se da a la estética y el glamour, relegando a un segundo plano la funcionalidad, la salud y por supuesto, el sentido común y el precio. Parece que en lo que concierne a los pies y a los zapatos, prima el marketing sobre el bienestar, el consumismo sobre la funcionalidad, como en tantas otras cosas que nos rodean.

Los tacones suponen una tortura diaria para millones de mujeres que estilizan sus piernas, realzan los gemelos y alargan sus pies para destacar por su belleza entre las demás

El trato que se le da a los pies -y al calzado- varía de una cultura a otra, pero la importancia es similar. En las religiones semíticas, los pies simbolizan la suciedad del polvo del camino. Los primeros cristianos enjuagaban los pies de los invitados que llegaban a sus casas. Musulmanes y japoneses se descalzan antes de entrar en una estancia, simbolizando con ello una purificación y demostrando respeto hacia los anfitriones. En los países del norte de Europa es costumbre descalzarse antes de entrar en una casa, no pudiendo evitar mostrar los pies, o los calcetines, cosa que un mediterráneo considera algo impúdico. Lo que es seguro es que a nadie le gusta descalzarse en los aeropuertos para franquear los arcos de seguridad. Los pies son algo íntimo que nos gusta mantener limpios y en ocasiones a salvo de ojos extraños.

Y así, la medicina también se ha puesto al servicio de los pies. Traumatólogos, podólogos y fisioterapeutas lidian con dolencias y lesiones que son más habituales de lo que podríamos pensar. La fascitis plantar – también conocida como pie de atleta – manifestada con un dolor intenso en el talón y la planta del pie, es causada por la sobrecarga de ejercicio, un calzado inadecuado o una excesiva pronación que no ha sido corregida con las plantillas o ejercicios necesarios. Los juanetes, dolorosos y antiestéticos, tienen un origen genético pero se acentúan con el uso de zapatos planos y de hormas inadecuadas. El calzado que escogemos es tan importante que afecta a la postura cuando caminamos, pudiendo ser el origen de algunos dolores de espalda.

En los países del norte de Europa es costumbre descalzarse antes de entrar en una casa, no pudiendo evitar mostrar los pies, o los calcetines, cosa que un mediterráneo considera algo impúdico

En atletismo, así como en muchas otras disciplinas deportivas, los pies lo significan todo. Los especialistas recomiendan prestar atención al tipo de pisada (pronadora, supinadora, neutra), escogiendo el calzado que mejor nos convenga. Las simples zapatillas que Forrest Gump utiliza para recorrer los Estados Unidos de costa a costa han evolucionado hasta convertirse en sofisticados complementos ultraligeros, equipados con cámaras acolchadas, incorporando materiales de última generación para proteger y permitir la máxima transpiración del pie. El calzado especializado otorga al pie esa dosis de evolución que nos falta para poder escalar los acantilados más verticales, caminar cómodamente sobre la nieve o correr como el viento.

Incluso las prótesis biónicas que usan atletas amputados, como ballestas compuestas de fibra de carbono, nos acercan más a marcas imposibles de lograr tras milenios de evolución natural. Pero no todo es ciencia ni consumismo. En los años ´60, el mítico corredor de fondo y bicampeón olímpico Abebe Bikila, pionero de una larga estirpe de atletas etíopes, competía en maratones corriendo descalzo, emulando a los primeros atletas griegos y desafiando a las marcas de equipamiento deportivo que le ofrecían fortunas por calzar sus prendas.

Esas mismas firmas de calzado deportivo y de vestir, aunque conscientes de lo importante que es diseñar unos zapatos cómodos y saludables, tienden a producir hormas demasiado estrechas para lograr diseños más atractivos. Es frecuente caer en el error de escoger unos zapatos más estrechos por motivos estéticos, infravalorando el daño que una leve sensación de incomodidad puede provocar a largo plazo. El uso prolongado de hormas estrechas para correr, jugar al golf, caminar por la montaña o montar en bicicleta provocan el adormecimiento del pie que, además de ser molesto, puede derivar en lesiones graves. Conscientes de esto, cada vez son más los fabricantes de calzado que ofrecen diferentes medidas de horma más ancha, más cómodas y beneficiosas para la salud de nuestros pies.

Llegado el verano, las piscinas son el perfecto escenario para que los hongos se ceben con nuestros pies, por lo que conviene usar calzado en las duchas públicas, así como lavar y secarlos para evitar la mala combinación que supone el calor y la humedad estivales. Si va a pasar unos días en la playa, caminar descalzo por la arena es bueno para estimular los nervios de la planta del pie, tonificar músculos y relajar tendones. El caso es prestar atención a nuestros pies, que son tan importantes como nuestras manos. Éstas, aunque evolucionaron para convertirnos en la raza dominante del planeta, siguen necesitando de un par de pies para desplazarse de un lado para otro. Al menos, claro está, hasta que llegue el día en que tengamos que irnos a vivir a una colonia espacial.

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Categorías: Inyección Comunicación

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