Aquellas pastillas azules

19 jun 2017 por Nev Haynes

Aquellas pastillas azules

Manhattan (1979), es una de mis películas favoritas. Woody Allen retrata genialmente en los primeros minutos del filme esa ciudad tan compleja que es Nueva York, con sus luces y sus sombras, no solo por las escenas que recogen el despertar y el bullicio de la gran manzana, sino también por la cínica ironía con la que describe las preocupaciones de sus habitantes. Hay una escena en particular en la que Woody Allen personifica a una víctima del gatillazo, mientras juega de madrugada bajo las sábanas con una jovencísima Mariel Hemingway. La distracción de una ambulancia que pasa a toda velocidad con su sirena a todo trapo, el ruido de los martillazos de un vecino que cuelga un cuadro… el caso es que tanta distracción deja a nuestro querido protagonista sin concentración, sin inspiración y… sin erección.

El tema tabú por antonomasia

Asunto sobre el que nadie habla en público, aunque lo padezcan ellos y lo sufran ellas. Como aquel pariente lejano y desterrado del que nadie quiere hablar en las ocasiones señaladas, nadie lo menciona, no vayamos a invocarlo, y por pensar demasiado en él vaya a llamar a nuestra puerta justo en la noche menos indicada para recibir visitas sorpresa. La disfunción eréctil sigue planeando amenazante sobre las cabezas de todos y, aunque el tema arranque alguna que otra sonrisa, no es para tomárselo a broma.

A los antiguos ya les obsesionaba su rendimiento sexual. Palabras como potencia o aguante son sinónimos de virilidad y hombría, y el estigma y vergüenza que la impotencia causaba en los hombres hacía que muchas culturas se afanasen en combatir el temido gatillazo con alimentos y brebajes que se cotizaban muy caros en algunos casos. La medicina tradicional china se ha esforzado en emplear pócimas y elaborar complejas y retorcidas recetas que incluyen exóticos, absurdos y en muchos casos ilegales ingredientes, incluyendo los genitales de tigre o el cuerno de rinoceronte. El célebre aventurero veneciano Casanova ingería docenas de ostras para desayunar, asegurando con ello el disfrute de las noches más pirotécnicas que nadie pudiera recordar. Amuletos de la suerte con forma fálica han sido algo común a muchas civilizaciones aparentemente inconexas. ¡Menuda coincidencia!

Las causas que provocan la disfunción eréctil son varias, pero están muy localizadas: el tabaquismo, las drogas, el consumo excesivo de alcohol, problemas cardiológicos, psicológicos y la edad, inciden en mayor o menor medida en el rendimiento sexual de los hombres.

En España la padecen 2 millones de personas, siendo uno de cada cuatro varones por debajo de los 40 años y uno de cada tres por encima de los 60. De todos estos, sólo entre un 10 y un 15% acude a un especialista para tratar el problema, por causas obvias.

Los tratamientos conocidos son de tipo químico, psicológico o quirúrgico. Es cierto que gran parte del problema puede estar en problemas de autoestima, concentración o estrés, aunque en los casos más graves solo recurriendo a la inserción de prótesis mecánicas se puede solucionar el problema. Éstas pueden provocar infecciones en el caso de pacientes diabéticos, con lo que se tiene que recurrir a la revascularización del pene. Hasta hace poco, pasar por quirófano parecía el último recurso. Pero este panorama tan apocalíptico cambió en 1998.

Si alguna vez ha padecido o sufrido las consecuencias de la disfunción eréctil, también sabrá que Pfizer fue la compañía farmacéutica que lanzó en ese año el que es probablemente el equivalente a la Coca-Cola del sector farmacéutico: el citrato de sildenafilo, más conocido como VIAGRA. A este fármaco le siguieron otros compuestos como el tadalafilo (comercializado como Cialis, de LILLY) y el vardenafilo (Levitra, de BAYER).

Al igual que a la Coca-Cola le han salido muchas imitaciones, con la VIAGRA, CIALIS o LEVITRA no podía ser menos. Se pueden encontrar muchos sucedáneos en ciertas páginas web, procedentes de países del cercano y lejano oriente, que pueden asemejarse al producto original, pero no pueden garantizar los mismos resultados ni tampoco minimizar sus efectos adversos tal como hacen los compuestos que sí han pasado todas las pruebas sanitarias y legales pertinentes.

Basta con echar un vistazo en Internet para ver cómo el reclamo comercial de dichas tiendas online destaca, antes que nada, el ahorro que supone comprar estas segundas marcas respecto a las pastillas originales. Si a esto le sumamos la garantía de anonimato para el comprador, aumenta la tentación de comprar, que solo tienen en común con las originales su color azul característico.

Pfizer fue la compañía farmacéutica que lanzó en ese año el que es probablemente el equivalente a la Coca-Cola del sector farmacéutico. Se pueden encontrar muchos sucedáneos en ciertas páginas web, que solo tienen en común con las originales su color azul característico.

En cualquier caso, si de momento no tienen necesidad, no tenemos por qué adelantar acontecimientos. Hagan como si nunca hubieran leído este artículo. Váyanse a casa, vean una buena película o disfruten de una cena íntima con su pareja. Y si por casualidad van a meterse pronto en la cama, recen para que no pase una ambulancia con la sirena a todo trapo en el momento más inoportuno.

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Categorías: Inyección Comunicación

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